La cocaína y el crack tienen un efecto rápido que produce euforia pero eventualmente llevan a la persona al deterioro.

La cocaína actúa en el cerebro de la mayoría de las personas produciendo un aumento en los estados de alerta, energía, socialización y confianza. También produce una sensación de euforia, bienestar, desinhibición, excitación e hiperactividad. Estas sensaciones son descritas como intensas y placenteras por los usuarios.

Investigadores afirman que el efecto del crack en el cerebro es de cinco a seis veces más intenso que el de la cocaína y aún más dañino.

 

Efectos causados en el cuerpo:

  • Cerebro: la cocaína actúa principalmente en las áreas de recompensa y coordinación motora y que justifica esa intensa sensación de placer e inquietud de los usuarios.

  • En los pulmones: que es un órgano muy vascularizado y con gran tamaño, el clorhidrato de cocaína llega inmediatamente al torrente sanguíneo y de ahí directamente en apenas 10 segundos al cerebro.

    Los efectos de la cocaína en los sentidos dura de 10 a 15 minutos después de inhalada, y si se inyecta dura entre 3 a 5 minutos.

  • Nasal: en cuanto a la cocaína aspirada o mezclada con agua para inyectársela en la sangre, en comparación a una piedra crack, esta debe ser calentada a 95 grados centígrados, por lo general con utensilios muy rústicos improvisados y producidos por los mismos usuarios, así el humo del clorhidrato de cocaína es llevado directamente a los pulmones.
    El crack también puede producir problemas respiratorios como congestión nasal, tos con expectoración (flemas), neumonía, fiebre y hemorragias pulmonares. Los dependientes también pueden presentar quemaduras serias en los labios, lengua y garganta. 

  • Corazón: produce taquicardia y aumento de la presión arterial, el uso continuado agrava estos síntomas, especialmente ocasionando un daño importante al sistema cardiovascular. Las convulsiones, los ataques cardiacos y los derrames cerebrales con muerte súbita con consecuencias del consumo.

  • Otros efectos de la droga, son las alteraciones imaginarias (conocidas como alucinaciones táctiles), así como perturbaciones visuales y auditivas que ponen en serio riesgo de muerte a los usuarios.

Pasado el efecto de euforia, que dura entre cinco y diez minutos, este va siendo sustituido por una sensación de depresión física y mental que causa gran malestar. Para aliviar esa sensación de depresión, las personas se ven tentadas a fumar de nuevo, llevándolos a un ciclo vicioso muy riesgoso. 

Como el efecto de la cocaína dura muy poco tiempo, el usuario empieza a usar crack con mucha frecuencia lo que lo lleva más rápidamente a crear dependencia en comparación con aquellos usuarios de cocaína aspirada o inyectada.

El usuario de crack tiene que salir a buscar muchas veces la droga (en bunkers), por eso a pesar de ser una droga barata, el crack acaba siendo muy cara para los dependientes.

El consumo de cocaína y crack durante el embarazo:

En una mujer embarazada, consumir estas sustancias la exponen a un mayor riesgo de aborto espontaneo, prematuridad y malformaciones, incluso neurológicas en el recién nacido. Estudios refieren que los hijos de mujeres consumidoras de crack tienen un rendimiento escolar disminuido. También estas mujeres presentan con más frecuencia embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual.

La mayoría de dependientes consumen de forma compulsiva el crack, generalmente sin medir las consecuencias por obtener nuevas dosis.

De acuerdo con algunos estudios recientes, durante periodos de abstinencia del uso de cocaína, el recuerdo de la euforia asociado con su uso, o solamente una referencia a la droga, puede disparar un deseo incontrolable de consumirla y terminar en una recaída.

Otro peligro es una sobredosis que es más común en los usuarios de cocaína inyectada, frecuentemente presenta ataques (convulsiones). El poder estimulante del clorhidrato de cocaína, consumido por los usuarios hace que ellos no descansen y se alimenten. Esto provoca un aumento en la temperatura corporal, dilatación de la pupila, desmayos, escalofríos, vómitos, temblores, dolores musculares, impotencia y diarrea.

El uso prolongado puede llevar a dependencia o depresión, psicosis, enfermedad afectivo bipolar, crisis de pánico o comportamientos antisociales. Con una pérdida gradual del autocontrol, del poder de decisión o de la fuerza de voluntad, el usuario tiene una pérdida de interés por su trabajo, por su vestimenta y su higiene personal, tiene fuertes alteraciones del humor y gran agitación.

Más adelante, padece irritabilidad, comportamiento violento o paranoide. Siente que está siendo perseguido, tiene pensamientos obsesivos, miedos y gran desconfianza de las otras personas, inclusive de otros adictos, y esto aumenta más el riesgo de violencia y accidentes.

 La llamada psicosis de la cocaína donde puede tener alucinaciones y delirios, perdiendo por completo el sentido de la realidad. También puede presentar procesos de cambios de personalidad, acompañados de conductas suicidas u homicidas. 

Existen algunos casos de personas que a pesar de su consumo, han logrado dejar esta sustancia. Lea aquí el testimonio de un profesor que dejó el consumo de crack y recuperó su trabajo (Fuente: La Nación, 8 de septiembre de 2013).

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